Todavía
recuerdo esa tarde en que te conocí, no podría afirmar con
exactitud si fue en agosto o septiembre, sólo se que apareciste de
repente, yo estaba andando en skate, me había sentado en un banco a
descansar, no pude ver cuando llegabas... cuando reaccioné estabas
sentándote a mi lado. Recuerdo también que me preguntaste si tenía
algo para comer, yo, en ese momento de temores, con el alma te brindé
lo poco que tenía, no se si tu memoria será tan frágil como la
mía pero creo haberte dicho -mirá que soy vegetariano- vos
respondiste -pues entonces nos vamos a llevar bien- ¿te acordás?
Llevabas unas flores a Krishna y una flauta colgando. Pregunté que
estabas haciendo -celebro Janmashtami- me dijiste -y después de
media noche termino de ayunar- no te pedí explicaciones pues confié
en la expresión de bondad de tus ojos. Te conté que escribo
canciones, vos me miraste y me dijiste -¿de amores perdidos?- yo te
dije: -si, “entre otras cosas”- querías escucharme cantar, pude
percibirlo-. Te acompañé un tramo y te repetí que si me
necesitabas podías contar conmigo, que yo estaba siempre a esa hora
en ese mismo sitio, vos me dijiste -lo se- y te fuiste; me extrañó
que no estabas con nadie y aunque no te había visto antes, me solté
como si te conociera de toda la vida. ¿Te acordás cuando volvimos a
vernos? cantamos juntos y caminamos hacia el río; tu sensatez y mi
lógica parecían escaparse una de otra, como si habláramos
diferentes idiomas, yo buscaba encontrar un punto de unión entre tus
frases y las mías, era tan difícil llegar a vos, por un momento
creí que eras de libra, pues en mi experiencia librianos y piscianos
no se llevan bien, no se entienden y no llegan a un acuerdo
fácilmente, pero se que a vos no te importaba. Hubo algo que me
llamó la atención "tu apuro", como si nunca tuvieras
tiempo, tampoco sabía en que momento ibas a presentarte; puedo jurar
que me sentía incómodo con un ser extraño e impredecible que
aparecía en mi vida y se iba y volvía sin tener conmigo algo en
común, porque no había nada que nos identifique hasta el momento en
que me abriste el alma y conocí tu fe, tus amores, historias y
miedos, tu paz y espiritualidad. Escuchaba tus palabras y no hablaba,
pero te toqué y sentí que eras de carne y hueso -o de algún
material parecido- comprendí así que no eramos tan distintos, somos
dos seres humanos, con culturas y formaciones diferentes y, aunque no
me busques más, todavía celebro los pocos puntos de encaje que
pudimos encontrar entre tu fe casi supersticiosa -para mi- y mi
constante soberbia de creerme mi propio Dios -para vos- aunque a
veces me pregunto, por irónico que parezca, si no habrá sido al
revés. Caminamos unas cuadras y me preguntaste si quería
acompañarte, como si nadie más pudiera verte, cosa que dudo, y pude
haber ido, pero me cohibí al ver la caravana de rosa y naranja que
te precedía cantando bhajans y tocando una suerte de mridangam,
atabaque o bongo. Esa noche no pude dormir, pero te seguí viendo,
como si me estuviera enamorando, escuchaba tus canciones y los
pensamientos sobre vos me conducían al insomnio. ¡Harekrishna!
mentí si alguna vez dije que no traté de interpretarte, mentí
también si alguna vez dije que no dejé de ser yo para intentar
conquistarte, no mentí sobre mi historia, mi dolor, mi sencillez de
gatos con cinco patas, como vos no chamullaste al entonar tu divina
consciencia... no fueron flashes los Avatares, las cuatro cabezas de
Brahma ni esas largas e incesantes horas de conversación. Y si
decidiste, decidís o decido no vernos más, te pido que tengas
siempre presente que jamás he de olvidar tu mensaje de amor y paz,
que no es muy distinto al que aprendí de Siddharta y Jesús.
¡Haribol amiga mía de esos días y reina de zafadas fantasías! Te
escribí esta carta porque es la única forma de sentirme comunicado
con vos, y aunque hoy no puedo verte te recuerdo con alegría. Espero
que hayas llegado bien, yo por mi parte voy a seguir frecuentando,
mientras me sea posible, los mismos lugares donde nos encontrábamos,
aquéllos días, por ahí, en una de esas, se te ocurre volver aunque
mas no sea unos segundos y conversar. Se que te vas a sorprenderte si
me ves, me creció el pelo, ya no rapo mi cabeza... y bueno, quien
sabe, hasta el próximo encuentro o desencuentro. ¡Haribol!

No hay comentarios:
Publicar un comentario