martes, 12 de febrero de 2013

Haribol!



Todavía recuerdo esa tarde en que te conocí, no podría afirmar con exactitud si fue en agosto o septiembre, sólo se que apareciste de repente, yo estaba andando en skate, me había sentado en un banco a descansar, no pude ver cuando llegabas... cuando reaccioné estabas sentándote a mi lado. Recuerdo también que me preguntaste si tenía algo para comer, yo, en ese momento de temores, con el alma te brindé lo poco que tenía, no se si tu memoria será tan frágil como la mía pero creo haberte dicho -mirá que soy vegetariano- vos respondiste -pues entonces nos vamos a llevar bien- ¿te acordás? Llevabas unas flores a Krishna y una flauta colgando. Pregunté que estabas haciendo -celebro Janmashtami- me dijiste -y después de media noche termino de ayunar- no te pedí explicaciones pues confié en la expresión de bondad de tus ojos. Te conté que escribo canciones, vos me miraste y me dijiste -¿de amores perdidos?- yo te dije: -si, “entre otras cosas”- querías escucharme cantar, pude percibirlo-. Te acompañé un tramo y te repetí que si me necesitabas podías contar conmigo, que yo estaba siempre a esa hora en ese mismo sitio, vos me dijiste -lo se- y te fuiste; me extrañó que no estabas con nadie y aunque no te había visto antes, me solté como si te conociera de toda la vida. ¿Te acordás cuando volvimos a vernos? cantamos juntos y caminamos hacia el río; tu sensatez y mi lógica parecían escaparse una de otra, como si habláramos diferentes idiomas, yo buscaba encontrar un punto de unión entre tus frases y las mías, era tan difícil llegar a vos, por un momento creí que eras de libra, pues en mi experiencia librianos y piscianos no se llevan bien, no se entienden y no llegan a un acuerdo fácilmente, pero se que a vos no te importaba. Hubo algo que me llamó la atención "tu apuro", como si nunca tuvieras tiempo, tampoco sabía en que momento ibas a presentarte; puedo jurar que me sentía incómodo con un ser extraño e impredecible que aparecía en mi vida y se iba y volvía sin tener conmigo algo en común, porque no había nada que nos identifique hasta el momento en que me abriste el alma y conocí tu fe, tus amores, historias y miedos, tu paz y espiritualidad. Escuchaba tus palabras y no hablaba, pero te toqué y sentí que eras de carne y hueso -o de algún material parecido- comprendí así que no eramos tan distintos, somos dos seres humanos, con culturas y formaciones diferentes y, aunque no me busques más, todavía celebro los pocos puntos de encaje que pudimos encontrar entre tu fe casi supersticiosa -para mi- y mi constante soberbia de creerme mi propio Dios -para vos- aunque a veces me pregunto, por irónico que parezca, si no habrá sido al revés. Caminamos unas cuadras y me preguntaste si quería acompañarte, como si nadie más pudiera verte, cosa que dudo, y pude haber ido, pero me cohibí al ver la caravana de rosa y naranja que te precedía cantando bhajans y tocando una suerte de mridangam, atabaque o bongo. Esa noche no pude dormir, pero te seguí viendo, como si me estuviera enamorando, escuchaba tus canciones y los pensamientos sobre vos me conducían al insomnio. ¡Harekrishna! mentí si alguna vez dije que no traté de interpretarte, mentí también si alguna vez dije que no dejé de ser yo para intentar conquistarte, no mentí sobre mi historia, mi dolor, mi sencillez de gatos con cinco patas, como vos no chamullaste al entonar tu divina consciencia... no fueron flashes los Avatares, las cuatro cabezas de Brahma ni esas largas e incesantes horas de conversación. Y si decidiste, decidís o decido no vernos más, te pido que tengas siempre presente que jamás he de olvidar tu mensaje de amor y paz, que no es muy distinto al que aprendí de Siddharta y Jesús. ¡Haribol amiga mía de esos días y reina de zafadas fantasías! Te escribí esta carta porque es la única forma de sentirme comunicado con vos, y aunque hoy no puedo verte te recuerdo con alegría. Espero que hayas llegado bien, yo por mi parte voy a seguir frecuentando, mientras me sea posible, los mismos lugares donde nos encontrábamos, aquéllos días, por ahí, en una de esas, se te ocurre volver aunque mas no sea unos segundos y conversar. Se que te vas a sorprenderte si me ves, me creció el pelo, ya no rapo mi cabeza... y bueno, quien sabe, hasta el próximo encuentro o desencuentro. ¡Haribol!

No hay comentarios: