jueves, 12 de junio de 2014

Vaya uno a saber

De tanto andar y andar, recorriendo el sinuoso  camino de timidez y rodeos -propio de las inseguridades- uno se pregunta, y sin echar culpas a nadie, que habrá pasado, que sucedió, por qué las cosas se dieron del modo en que se dieron… y si acaso no estaba esa mujer del todo convencida del encanto y la atracción que sentía por ese hombre de serenos ideales de liberación. Horas, instantes… minutos en que la distancia adquiere un lenguaje propio, y un oportuno silencio expresa más que un millón de palabras y muecas de insatisfacción –no hacen falta explicaciones para quien capta las señales- ¡divina intuición!… y mientras las lágrimas enjuagan el alma, y el pecho se abre a la llegada de una nueva impermanencia -que al fin y al cabo es solo una fracción de una única impermanencia más grande, nada queda quieto-, el alivio se manifiesta más presente que nunca obsequiándonos un nuevo “aquí y ahora” y el fin de la incertidumbre también pone fin a los días de ella con él y de él con ella. Caminos que tal vez debieron cruzarse, vaya uno a saber para qué…solo esperan que haya servido, solo el tiempo lo dirá… breve ilusión que se disuelve para no otorgar licencias a un nuevo acercamiento -diez años después hasta podrías escribir un tratado-, las veces que intentás poner a prueba tu nueva inflexibilidad. -Si me encontrara con la misma facilidad con la que me pierdo-, reconoce el recién despabilado a ese ser de luz que nadie sabe cómo se las ingenia para leer su mente y uno nunca alcanza a saber el secreto. La brisa en la cara y la vibración que recorre ambos brazos le hacen saber que una vez más las fuerzas externas son positivas y favorables… y una vez más cierra sus ojos… y mantiene, como siempre, su espíritu en armonía con la naturaleza… y con increíble intuición deja a un costado aciertos y desaciertos, y con la máxima comprensión se decide a diluir algunas de sus costumbres ¿podrá disolver las más enquistadas? …vaya uno a saber.
Joan Evol.-
12/06/2014.

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